Queridos Feligreses:

 

“Hoy es el día de la alegría de la Pascua, la mañana en que el Señor se apareció a aquellos que habían comenzado a perder la esperanza y les abrió los ojos a lo que estaba predicho en las Escrituras: que primero debía morir, y luego resucitaría y ascendería a la presencia gloriosa de su Padre. Que el Señor resucitado aliente nuestras mentes y abra nuestros ojos para que podamos conocerlo al partir el pan y seguirlo en su vida resucitada”.

 

¡Y con esta Oración Pascual, comienza nuestra liturgia de hoy, una temporada de gracia cual promete el don de una vida nueva a aquellos que creen y confían en el poder salvador de Dios! Oramos con y por los demás, para que se abran nuestros ojos a ver más claramente la presencia inconfundible de Dios obrando en medio de la confusión que abarca la faz de la tierra. ¡Oramos para que podamos reconocer a Jesús el Señor, resucitado, brindando su amor sanador a nuestras vidas, a nuestras familias y a toda la familia humana!

 

Durante los últimos 40 días de Cuaresma, habiendo sido transformados por la más significante de las historias del Evangelio. Al igual que el hombre que nació ciego y a quien Jesús le dio la vista (Juan 9: 1-41), buscamos la “señal” que rompe la oscuridad de la desesperanza y trae la luz de una verdad esperanzadora. Y al igual que la mujer de Samaria (Juan 4: 5-42) cuya vida necesitaba reanudarse, el Señor Jesús la encontró, le restauró un lugar para vivir en honestidad y sinceridad dentro de una comunidad de creyentes que la aceptaron. El hombre y la mujer reconocieron a Jesús como el Salvador con ojos y corazones abiertos.

 

¡Nosotros también nos encontraremos con el Señor Jesús resucitado de innumerables formas! A pesar de que este es un domingo de Pascua muy inusual, rodeado de enfermedad y muerte, ¡somos muy parecidos a los primeros discípulos en ese primer día de Pascua! Estamos experimentado profundamente los sentimientos de aislamiento, nuestros oídos han escuchado una voz constante de desánimo, ¡nuestros ojos han visto la presencia desconcertante de la muerte! Y, sin embargo, este día proclama el triunfo del eterno Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, sobre los poderes del pecado y la muerte, ¡esperamos ansiosamente saludarlo en paz! ¡Jamás daremos por hecho el tierno poder del toque humano, ni el alimento que hemos recibido en los sacramentos!

 

El Señor Jesús es a menudo llamado el “médico divino de las almas”. ¡Seríamos negligentes este día al no reconocer con gratitud a la multitud de trabajadores de la salud que han dado su vida por la sanación de los demás! ¡La mano del Señor Jesús está obrando a través de ellos! ¡Que Dios los recompense por su amor abnegado! ¡Que Dios les mantenga a ellos y a cada uno de nosotros saludables para que así todos podamos continuar sirviendo en la capacidad que Dios con su gracia nos ha otorgado! ¡Es así como el mundo podrá ver que el Señor Jesús resucitado continúa caminando en majestad oculta entre todos los pueblos del mundo! Que la mano del Señor Jesús resucitado se vea en lo que hacemos y decimos.

 

Los días que se avecinan, por un tiempo, pueden parecer una temporada prolongada de tribulación, ¡pero nuestra esperanza de Pascua nos dará fuerza, consuelo y valentía! Y así, en nombre de aquellos que continúan caminando con ustedes este camino hacia el Reino, sus sacerdotes, diáconos y personal parroquial, les deseo una bendita Pascua a ustedes y a sus familias. Que sintamos el aliento del Señor resucitado sobre nuestras mentes, corazones y cuerpos, abriendo nuestros ojos a toda posibilidad de seguirlo fielmente en su vida resucitada. Que él nos capacite para traer esperanza a aquellos que han perdido la esperanza. ¡Que todos vivamos en la novedad de la vida!

 

Que seamos apoderados por la bendición especial de este Día de Pascua, rezada tanto en la Misa de hoy, como también (espero) sea expresada ​​por las cabezas de nuestros hogares mientras nos reunimos en la mesa de nuestras casas para compartir la sagrada cena:

 

“En esta solemne fiesta de Pascua, después de haber seguido al Señor Jesús en su Pasión, celebramos el gozo de su resurrección. Que Dios todopoderoso por su misericordia les bendiga y les proteja de todo asalto del pecado. Que Dios, quien les restaura a la vida eterna en la resurrección de Cristo, realice en vosotros el don de la inmortalidad. Y por la gracia de Cristo, que Dios les guíe a las fiestas celebradas en el gozo eterno.

        Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén.”

 

Father Bob

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